Mundo ficciónIniciar sesiónHEKTOR
Me quedé sentado en la oscuridad de la sala, viendo cómo la luz del amanecer berlinés se filtraba por los ventanales. Mandarino no había dejado de maullar. El sonido, antes una molestia menor, ahora se sentía como un reproche constante, una alarma que me recordaba mi fracaso cada vez que el aire salía de sus pulmones.
El timbre del elevador sonó a las ocho en punto. No era Greta con sus reportes, ni Klaus con sus urgencias, era Bety. Venía con las oj







