REBECA
Me quedé de pie en medio de la estancia del penthouse en Berlín, viendo cómo tres hombres de una empresa de mudanzas internacional desempacaban las cajas que acababan de llegar desde México. Ver mis libros, mis cojines de colores y mis cuadros de artesanía de Oaxaca apilados contra las paredes de la casa de Héctor me generó un nudo en el estómago.
Héctor no estaba, me había dejado un beso rápido en la frente a las siete de la mañana y salió disparado hacia Stein Industries porque, según