REBECA
Me quedé de pie en medio de la sala, ignorando el maullido de Mandarino que pedía atención. Héctor me observaba, todavía con la rigidez del CEO que acaba de colgar una llamada importante, pero sus ojos grises empezaron a suavizarse al ver que yo no retrocedía.
—¿Es ella la que va a estar a tu lado en todas las juntas? —pregunté, rompiendo el silencio—. Porque parece conocer tus horarios mejor que yo.
Héctor soltó un suspiro, arrojó el control remoto sobre el sofá y caminó hacia mí. No se