REBECA
El silencio que siguió a sus palabras fue pesado y absoluto. Héctor se quedó ahí parado, con esa mezcla de arrogancia y súplica en la mirada que solo él sabía proyectar. Yo sentía que el suelo se abría bajo mis pies.
—¿Qué pasa contigo? —repitió él, con la voz más grave—. Pasa que eres mi mujer. Pasa que nos vamos a casar en diciembre y que tu lugar es a mi lado. Stein Industries se está hundiendo y soy el único que tiene el mapa para salvarla, no me pidas que deje morir mi legado por un