Mundo ficciónIniciar sesiónHEKTOR
El calor de Monterrey nos recibió en cuanto se abrió la puerta del avión. No era el calor húmedo y tropical que recordaba de otros viajes; este era un calor seco, agresivo, que parecía querer evaporar la poca paciencia que me quedaba después de pasar dos horas encerrado con Rebeca sin poder tocarla.
Caminamos por la pista hacia la terminal, Rebeca se ajustó los lentes oscuros y apretó su bolso c







