REBECA
—¡Rogelio, que no puedes llevar esa hielera en el avión! —gritó mi madre, lanzando un par de calcetines dentro de la maleta abierta sobre la cama.
—¡Es carne seca de la buena, Sarita! ¡En Alemania puro bocado de pajarito comen y el Vikingo se me va a desnutrir! —respondió mi padre desde el pasillo, forzando una maleta que parecía a punto de explotar.
Héctor entró en la habitación cargando a Rogelio Jr, que iba muy entretenido jalándole el cabello, mi novio de alquiler —ahora prometido of