—¡La luna del rey! —gritó jadeando—. ¡La luna del rey ha cruzado la frontera! ¡Está aquí!
Dimitri se incorporó de golpe desde la mesa donde discutía planes de defensa junto a Aria, Darren y Alastair. El lobo centinela irrumpió sin aliento, su ropa rasgada por las ramas, los ojos amplios de incredulidad.
Por un segundo, nadie se movió. Como si las palabras no fueran reales, como si el universo se hubiera contenido para dejar caer esa revelación.
Darren fue el primero en correr. Lo hizo sin emiti