—¿Qué hacen aquí? —preguntó, avanzando con cautela, aún protegiendo a Luz con el brazo.
La luna se alzaba alta y blanca en el cielo, filtrando su luz entre los árboles del bosque. Asher sostenía la mano de Luz con firmeza sus pasos apenas perturbando las hojas bajo sus pies. Ella, con la capa cubriéndole su cabeza mantenía los ojos fijos al frente. No dijo una palabra. No era necesario. Sabía que Calia los necesitaba, y eso bastaba.
Frente a ellos, oculta entre los arbustos y raíces, estaba la