—¿Estás seguro que esto es buena idea? —preguntó Alastair finalmente, con el ceño fruncido—. Han pasado tres días y no hay noticias. ¿Y si…? ¿Y si ya no está viva?
El cielo del atardecer comenzaba a teñirse de rojo sangre cuando los tres hombres descendieron por el sendero oculto entre los árboles. Darren caminaba con los hombros tensos, los sentidos alerta; Alastair iba un paso detrás, en completo silencio, mientras que Dimitri encabezaba la marcha, su expresión endurecida.
Darren se detuvo en