—Calia… —susurró muy bajo al abrir los ojos, su voz rasposa por el dolor y el agotamiento.
Ella reaccionó de inmediato, arrodillándose a su lado con el corazón latiéndole con fuerza. La tenue luz de la luna se filtraba por la entrada de la cueva, iluminando su rostro preocupado.
—Estoy aquí —murmuró, acariciando su mejilla con suavidad.
Aleckey parpadeó un par de veces antes de centrarse en ella. Sus fuerzas apenas regresaban después de seis largas horas dentro de aquel refugio improvisado. Se