El primer día de la semana llegó con una radiante luna nueva por lo que más de treinta jóvenes se encontraban en un extenso claro del territorio de Aleckey fuera de los muros que protegen la aldea del rey.
Calia, de pie junto al alfa y los miembros del consejo, observaba con el estómago revuelto cómo los jóvenes lobos caían al suelo, sus cuerpos retorciéndose de dolor mientras la transformación tomaba control de ellos. Sus gritos eran desgarradores, un coro de sufrimiento que llenaba el aire he