—¿Eso es todo lo que tienes? —espetó Marlon, esquivando con dificultad un derechazo de su hermano.
Zadkiel no respondió. Solo giró el torso, dejó pasar un golpe y contraatacó con un puñetazo directo al abdomen. Marlon gruñó al recibirlo, retrocediendo un par de pasos, pero sin caer.
—¡Maldito! —escupió, doblándose ligeramente—. Golpeas como un caballo salvaje.
—¡Esa boca! —Gruñó a su hermano menor—. No bajes los brazos —replicó Zadkiel, tranquilo, como si no acabara de dejarle los pulmones vací