Zadkiel comenzaba a encogerse, los huesos reacomodándose en un crujido húmedo y lento, la piel estirándose hasta recuperar la forma humana. Jadeaba, exhausto, con los músculos temblando y la garganta seca por la intensidad de la cacería. A lo lejos, Calia, lo miraba con los ojos húmedos, las manos temblando contra su pecho, y Aleckey ya iba hacia él.
—Hijo —dijo el rey alfa, arrodillándose en la hierba húmeda para rodearlo con una manta gruesa y oscura.
El príncipe apenas alcanzó a asentir, el