Las sábanas caían desordenadas desde la cintura de Aleckey, su torso desnudo brillaba por el leve sudor después de hacer el amor con su luna quien sentada ahorcajada sobre él, acariciaba con los labios cada línea de su rostro.
Depositaba besos lentos, suaves, sobre su frente, su mejilla, la línea dura de su mandíbula. Como si cada parte de él fuera sagrada, como si el mundo entero pudiera desaparecer en ese instante, y a ella no le importara.
Aleckey tenía su ojo cerrado, sus manos firmes e