Tres días despues de la noticia del príncipe ciego, Aleckey no habia ido a la habitación y Calia suponía que era por eso, pero esa mañana era todo distinto. El cielo aún se teñía de los últimos restos del alba cuando Calia despertó. La habitación estaba en silencio, salvo por el suave susurro del viento contra los ventanales y el tenue crujir de la madera antigua. Por un momento, creyó estar sola, pero al voltear la cabeza, su mirada se detuvo en la figura de Aleckey.
Aleckey estaba de pie fren