Había pasado un mes desde la batalla que selló la caída de Draven y la liberación de la manada central. La mansión del rey alfa volvía a respirar algo parecido a la normalidad. Las cicatrices aún estaban frescas, tanto en piedra como en carne, pero el orden se restablecía, poco a poco.
El sol de la tarde teñía de dorado las columnas del salón de guerra, donde Aleckey se encontraba de pie, apoyado junto a una de las grandes ventanas. Llevaba puesta una camisa negra sin mangas, el vendaje en su o