Draven tenía a Aleckey sujeto con sus fauces, presionando con fuerza brutal el cuello del rey lobo. La sangre corría entre sus mandíbulas, y un gruñido triunfal retumbaba en su garganta. Aleckey, atrapado, sus patas arañaban el suelo buscando espacio, buscando aire... buscando una oportunidad.
El rey no le quedó más de otra que regresar a su forma humana, y con sus palmas abierta, descargó toda la furia contenida. Una oleada de energía abrasadora golpeó de frente a Draven, y un rugido agónico r