Draven, estaba iluminado por la luz que se colaban por los árborles, sus heridas abiertas, la sangre que goteaba en el barro húmedo, el vapor que salía de su hocico cada vez que jadeaba. Su forma lobuna estaba destrozada: la mitad del rostro quemado por el poder de Aleckey, una oreja desgarrada, la piel del flanco abierta por el roce de garras. Apenas podía mantenerse en pie, y sin embargo corría. No por honor. No por venganza.
Corría para no morir, como todo un cobarde.
El crujido de ramas baj