54. EL REGRESO DE LAS DUDAS
KAELA:
El corazón me latía acelerado mientras corría al lado de Kaesar, con mis dos Betas detrás, cuidando que nadie se me acercara. No podía negarlo; aunque hacía un gran esfuerzo por no demostrar mi miedo, estaba aterrada.
—¡Deja de temblar, Kaela, que me desconcentras! —rugió mi loba en mi cabeza—. Confía en mí, no nos pasará nada.
Desde el refugio en la mente de mi loba, donde me había refugiado, podía experimentar y ver todo lo que ella hacía, a pesar de que le había cedido el control por