34. EN CASA DE NUEVO
KAELA:
Entrar a mi casa fue surrealista y doloroso; la ausencia de mi padre se sentía aterradora. El hogar, que antes rebosaba de su clara presencia, ahora estaba sumido en un silencio casi tangible. Miré a mi Beta sin esconder mis lágrimas. Unos pasos arrastrados hicieron que me girara para ver a mi nana con los brazos extendidos hacia mí. Me dejé abrazar y revisar todo lo que quiso; su tacto cálido era un consuelo que me hacía falta.
Luego, unos pasos firmes resonaron en la entrada de la casa