113. EL NUEVO ATAQUE
KAELA:
Me abracé a mi Alfa mientras pronunciaba el sortilegio y me trasladé a la cabaña de papá. Estaba muy cansada, necesitaba que me amara una vez más. No dije nada; él lo entendió de inmediato. Nos desnudamos rápidamente, hambrientos el uno del otro. Ambos sentíamos la necesidad de experimentar el amor y olvidar, aunque fuera por un instante, todo lo que nos atormentaba: la guerra, las traiciones, los problemas.
El crepitar del fuego en la chimenea era el único testigo de nuestro anhelo. En