El sol de media mañana entraba a raudales por la ventana del comedor, calentando las baldosas frías y haciendo brillar el mantel de hule con flores descoloridas. El aroma del pan recién hecho se mezclaba con el de la mantequilla fundida. La radio murmuraba en el fondo, con una canción de los ochenta que su madre tarareaba mientras revolvía la mermelada de higos.
—¡Clara, estás bien gorda! —exclamó la voz chillona de Lucía, su hermanita de diez años, que se lanzó a su lado con la energía de un t