Fernando observaba su reflejo en el cristal de su despacho. El whisky en la mano apenas le temblaba, pero la mueca en su rostro lo delataba. Ya no era solo una molestia; era una amenaza real. Su abuelo estaba moviendo piezas, y cada día le cerraban más el cerco.
«Maldito viejo», murmuró, mientras giraba sobre sus talones y caminaba hacia su escritorio. Su portátil estaba abierto, y en la pantalla, un documento con capturas de la supuesta filtración desde el ordenador de Clara.
—Si ella habla ant