Valeria no era de esas que se alteraban con tanta facilidad. Había construido una fachada de autocontrol, elegancia y manipulación medida. Pero esa mañana, al abrir su correo, comenzó a resquebrajarse.
Asunto: El paraíso se acabó.
Mensaje: “Sabemos lo que hiciste. Esto recién comienza”.
No había un remitente claro. Ni firma. Ni más palabras. Pero esa frase bastó para que su estómago se contraiga como si acabara de tragarse una piedra. La taza de café que sostenía le tembló entre los dedos hasta