Gonzalo entró al despacho de reuniones del piso ejecutivo. Tenía una vídeo conferencia con un cliente. No le sorprendió encontrar a Fernando sentado con las piernas cruzadas y una taza de café en la mano, como si fuese el dueño del lugar. Ese era su verdadero talento era aparecer sin ser invitado y actuar como si el sitio le perteneciera desde siempre.
—¿Te molesto? —preguntó Fernando con su sonrisa cortés y la taza a medio camino de los labios.
—Sí. Pero eso nunca te importó.
Fernando soltó un