La mañana en Ferraz Corporación había comenzado con el ritmo frenético de los grandes días. Gonzalo tenía una presentación clave ante un cliente extranjero, y aunque no lo admitía en voz alta, el futuro inmediato de la empresa, pero sobre todo, su reputación, dependían del éxito de esa reunión.
Clara lo observaba desde su escritorio. Lo veía ir y venir con el ceño fruncido, los papeles en una mano y el móvil en la otra. Estaba tenso, más que de costumbre.
A media mañana recibió un correo anónim