Mateo apoyó los pies en la mesa de Gonzalo como si estuviera en el salón de su casa, mientras le daba un sorbo a su cerveza.
—Así que tu asistente te esquiva en la oficina como si fueras un inspector de hacienda… —dijo con una media sonrisa.
Gonzalo, que estaba de pie junto a la ventana con los brazos cruzados, resopló.
—No lo estoy imaginando, te lo juro. Se esconde, toma rutas alternativas para llegar a su escritorio, la pillé detrás del ficus en recepción.
Mateo escupe la cerveza de la risa.