La tarde había caído lentamente sobre el casoplón, y la lluvia de la mañana se había transformado en un murmullo suave contra los ventanales. Me encontraba acurrucada en el sofá, con una manta sobre las piernas, mientras Adrián caminaba por la sala moviendo algunas cosas de un lado a otro, con esa seguridad ruda que siempre tenía, incluso en momentos de tranquilidad.
—Mm… —gruñó mientras se sentaba frente a mí—. ¿Te apetece ver una película? Algo ligero. Para pasar la tarde sin pensar en nada m