Bachata en la sala

La película había terminado, y la luz tenue de la sala hacía que todo se sintiera más cálido, más cercano. Adrián se levantó del sofá y caminó hacia el altavoz sin decir palabra, mientras yo me acomodaba la manta sobre los hombros, todavía sintiendo el calor de su presencia.

—Mm… —gruñó, rudo, con esa seguridad que me hacía sonrojar—. Creo que necesitamos música. Algo más… movido.

Seleccionó una canción de bachata suave, y los primeros acordes llenaron la sala. La melodía era lenta, sensual, y el ambiente cambió al instante. Todo parecía empujarnos a acercarnos más, a sentirnos, a dejar que la química hablara por nosotros.

Él volvió hacia mí con una sonrisa provocadora y extendió la mano. No dijo nada, pero su mirada lo decía todo. La tomé sin dudar, sintiendo el calor de su cuerpo cerca del mío. Ya no había dudas, solo deseo, y disfrutaba cada segundo de estar con él así, tan cerca, tan real.

—Mm… —susurré para mí misma, con una sonrisa—. Esto es perfecto.

Nos colocamos frente a frente, y al tomarme de la cintura, noté cómo su cuerpo respondía al mío, firme y seguro. Sus manos en mi espalda me mantenían pegada a él, y cada pequeño movimiento de su torso hacía que el mío reaccionara sin que pudiera evitarlo. La bachata marcaba el ritmo de nuestra respiración y de nuestros cuerpos, como si cada acorde nos guiara.

—Mm… —murmuré, dejándome llevar—. Maldita sea… cómo puede hacerme sentir así con solo un gesto.

Él comenzó a moverme suavemente al compás de la música, susurrándome algo al oído mientras nuestros cuerpos se acercaban más. Su voz, baja y ruda, me recorrió la piel.

—Mm… tranquila… solo déjate llevar.

Sonreí, cerrando los ojos un momento para sentirlo mejor, sentir su peso y su calor, sentir que cada movimiento suyo me atrapaba más. No había necesidad de palabras, solo de miradas, de roces, de esa proximidad que me hacía sentir viva y deseada.

—Mm… —susurré—. Esto… esto me gusta demasiado.

Su mano bajó un poco más, rozando suavemente mi cadera, y yo me incliné un poco hacia él, siguiendo el ritmo, disfrutando de cada segundo. Cada mirada suya me decía lo mismo que sentía: que me deseaba, que me quería cerca, que estaba completamente atrapado por mí. Y yo disfrutaba estar atrapada también, sin resistencia, sin dudas, dejándome llevar.

—Mm… —gruñó él suavemente, provocador—. Qué bien te mueves…

—Mm… tú tampoco estás nada mal —respondí, con una sonrisa traviesa, acercándome aún más, sintiendo cómo sus ojos recorrían mi cuerpo—.

Seguimos bailando, pegados, girando lentamente por la sala. La música nos envolvía, y cada paso nos hacía sentir más conectados. Sus manos en mi espalda, mi cabeza rozando su pecho, cada gesto era un juego perfecto de provocación y cercanía.

—Mm… —susurré mientras apoyaba la cabeza contra su hombro—. Esto… esto no quiero que termine nunca.

Él me miró de reojo, rudo y provocador, con una sonrisa apenas perceptible. No dijo nada, pero el mensaje estaba claro: él tampoco quería que terminara. Cada segundo que pasaba, cada movimiento de la bachata, era un recordatorio de lo que nos unía, de lo mucho que nos deseábamos y lo natural que era dejarnos llevar.

Nos reímos un poco con algún giro torpe, y yo me apoyé más en él, dejando que el ritmo nos guiara. Todo era natural, fluido, deseado. Ya no había dudas, solo placer, solo la certeza de que nos queríamos y deseábamos el uno al otro, y que la química entre nosotros era demasiado intensa para ignorarla.

—Mm… —murmuré, mientras me acomodaba aún más cerca—. Esto… tú… todo contigo… me vuelve loca.

Él no dijo nada, solo me abrazó un poco más, pegando su cuerpo al mío y girando suavemente para seguir el ritmo. La música continuaba, nosotros seguíamos bailando, y todo parecía perfecto. No había prisas, no había presión, solo nosotros, la música, y la sensación de estar exactamente donde queríamos estar.

—Mm… —susurré para mí misma, con una sonrisa—. Quiero más de esto. Quiero más de él.

Y mientras la bachata llenaba la sala, nos movíamos juntos, disfrutando del momento, del calor, del roce, de la mirada, del susurro rudo en el oído. Todo era perfecto, íntimo y natural, y yo sabía que aquella tarde solo había confirmado lo que ya sentía: lo deseaba, lo quería, y quería estar con él cada vez más cerca.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP