Mundo ficciónIniciar sesiónAbrí los ojos y lo primero que sentí fue el calor de su cuerpo junto al mío. El sol de la mañana apenas se filtraba entre las cortinas, y aun así, la luz iluminaba lo suficiente como para darme cuenta de que seguíamos pegados, casi entrelazados. Mi corazón seguía latiendo a mil por hora, y un escalofrío recorrió mi espalda al recordar la noche anterior.
La tormenta había pasado, pero la sensación de su proximidad seguía intacta. No podía evitar girarme un poco para mirarlo. Adrián dormía, su rostro tranquilo pero con la misma intensidad que siempre irradiaba incluso en reposo. Cada línea de su mandíbula, cada gesto, me recordaba lo que sentía por él y lo que me provocaba. —Mm… —susurré para mí misma, apenas audible—. Maldita sea… Recordé cómo me había puesto sobre él, cómo nos habíamos besado, cómo cada roce había sido una mezcla de deseo y protección, rudo y provocador. El recuerdo me hizo sonrojarme y, al mismo tiempo, sentir un calor intenso que se acumulaba en mi pecho y abdomen. Me moví con cuidado para no despertarlo, pero aún así, no pude evitar rozar su brazo mientras me levantaba un poco. La proximidad era demasiado adictiva, demasiado intensa. Cada movimiento suyo la noche anterior había dejado una marca en mi mente, en mi cuerpo, en todo lo que era. —Mm… —susurré, mientras mis pensamientos se aceleraban—. No puedo… no puedo dejar de pensar en él. Me levanté lentamente y caminé hacia la ventana. La ciudad estaba mojada, brillante por la lluvia reciente, y el aire fresco de la mañana me golpeó suavemente la cara. Pero incluso con la brisa fría, no podía dejar de sentir su presencia en cada fibra de mi cuerpo. Adrián se movió ligeramente en el sofá, y mi corazón dio un vuelco. Abrí los ojos por completo y lo miré. Estaba consciente, aunque aún no completamente despierto. La mirada que me lanzó era ruda, intensa, y cargada de una mezcla de protección y deseo que me hizo temblar. —Buenos días… —susurré, con un hilo de voz—. —Mm… —gruñó él, rudo incluso al despertar—. Buenos días. Dormiste bien? Asentí, sin poder articular palabras coherentes. Mi cuerpo aún respondía a la cercanía de su calor, a la memoria de sus labios sobre los míos, a la sensación de él sobre mí. Cada pensamiento me llevaba de vuelta a la noche anterior, y cada recuerdo me provocaba un escalofrío que se mezclaba con excitación. —Mm… —susurré, mientras giraba un poco para mirarlo mejor—. Sí… dormí bien. Gracias. Él sonrió de manera ruda, provocadora, sin decir nada más, y el silencio se volvió cargado de tensión. Podía sentir cómo su mirada recorría cada gesto mío, cada curva de mi cuerpo, y aunque no había palabras, el mensaje era claro. Me senté en el borde del sofá, intentando ordenar mis emociones y mi respiración. La sensación de deseo mezclada con cariño y amor era abrumadora, y no podía evitar pensar en cómo cada pequeño roce de la noche anterior había dejado una marca en mí. —Mm… —susurré, mientras lo observaba—. Esto es… demasiado. Pero no quiero que termine. Él se inclinó un poco hacia mí, rudo y seguro, sin tocarme, pero haciendo que mi cuerpo reaccionara a cada movimiento. Sus ojos hablaban por él: quería que me quedara, quería sentirme cerca, quería provocarme, y lo hacía de la manera más sutil y perfecta. —Mm… —pensé para mí misma—. Maldita sea… lo quiero. Y lo deseo. No dijimos nada durante unos minutos. Solo nos mirábamos, respirábamos juntos, y la sensación de cercanía era intensa, casi insoportable. La memoria de la noche anterior me hacía recordar cómo me había subido sobre él, cómo nos habíamos besado, cómo mi cuerpo había respondido al suyo sin que necesitáramos palabras. Finalmente, Adrián rompió el silencio, con su voz ruda y provocadora, aunque suave al mismo tiempo: —Mm… desayunarías algo? —preguntó—. O quieres quedarte un poco más así? —Mm… —susurré, con un hilo de voz—. Creo que… quiero un poco más de esto. Él sonrió, con esa ruda seguridad que me volvía loca, y se inclinó hacia mí, atrapándome en un breve beso que me hizo estremecer de nuevo. No pasó nada más, pero la tensión estaba más viva que nunca. —Mm… —gruñí internamente, mientras me recuperaba—. Esto es imposible… pero no quiero que termine. La mañana continuó con una mezcla de silencios, risas suaves y roces apenas perceptibles. Cada gesto suyo era provocador, rudo, y lleno de intención. Cada mirada me recordaba que lo quería, lo deseaba, y lo amaba, aunque no lo hubiera dicho en voz alta. —Mm… —susurré para mí misma—. Esto solo puede ir a más… y sé que lo hará. En mi interior no quería que esto terminase, aún no éramos nada, pero aún así yo quería seguir con el, no separarme de él en ningún instante. Estábamos en silencio hasta que él dijo - oye Lara…- susurro con esa voz tan dulce y tan extraña que siempre tiene. - sé que no deberíamos, pero, te quieres quedar hoy también a dormir?- Soltó. Sus palabras retumbaron mi cabeza, por un lado sabía que no debía pero no me podía contener. - Pues a mí me parece buena idea - dije. Mis palabras salieron antes de lo que esperaba. Vi como su cara cambió por completo, estaba feliz, feliz de que yo decidiera quedarme, por dentro sentí que algo estaba cambiando, que estábamos empezando a querernos y por alguna razón ese momento fue uno de los más mágicos que había tenido con el. Empecé a pensar que quería tener mucho más allá de lo que tenía y que quería poder pensar a futuro con el. Aunque tampoco quería adelantarme, es mi jefe, y no debíamos cruzar límites profesionales, aunque ya lo habíamos cruzado.






