Abrí los ojos y lo primero que sentí fue el calor de su cuerpo junto al mío. El sol de la mañana apenas se filtraba entre las cortinas, y aun así, la luz iluminaba lo suficiente como para darme cuenta de que seguíamos pegados, casi entrelazados. Mi corazón seguía latiendo a mil por hora, y un escalofrío recorrió mi espalda al recordar la noche anterior.
La tormenta había pasado, pero la sensación de su proximidad seguía intacta. No podía evitar girarme un poco para mirarlo. Adrián dormía, su ro