Sábado de tensión

Era sábado por la noche, y por primera vez en días no tenía que preocuparme por correos, reuniones ni informes. Decidí darme un respiro y fui a mi pub favorito, uno de esos lugares con luces cálidas y música suave donde podía relajarme. No esperaba encontrarme con nadie conocido, mucho menos con Adrián Montenegro.

—Vaya… nunca esperaba verte aquí —dijo una voz detrás de mí.

Me giré y lo vi apoyado contra la barra, con esa postura ruda y segura que me hacía sentir como si todo el mundo desapareciera a su alrededor. El contraste entre el ambiente relajado y su presencia intimidante me hizo sonreír nerviosa.

—Tú tampoco —dije, tratando de sonar despreocupada, aunque mi corazón latía con fuerza. Llevaba un vestido ajustado, sencillo pero elegante, que resaltaba mis curvas sin ser vulgar. Me arreglé rápido, sin pensar que él podría aparecer.

Se acercó lentamente, cada paso calculado, con los ojos fijos en mí. Sentí cómo la tensión se multiplicaba instantáneamente. No había oficina, no había reglas, pero él mantenía esa presencia dominante y controladora que me hacía reaccionar sin poder evitarlo.

—No te ves… distraída —comentó con un tono bajo, apenas un murmullo, mientras se quedaba a un par de metros—. Me sorprende.

—Supongo que no esperaba verte aquí —contesté, cruzando los brazos, aunque mi postura no podía ocultar que estaba consciente de su mirada—. Y tampoco esperaba… que alguien se tomara el sábado para relajarse así.

—Los sábados también tienen su importancia —replicó, arqueando una ceja, con esa expresión seria que siempre me ponía en tensión—. Y, por lo que veo, tú te tomaste la libertad de vestirte… para impresionar, supongo.

Mi corazón dio un vuelco. Su comentario estaba cargado de tensión, y aunque no era explícito, su mirada decía más que cualquier palabra. Intenté no sonrojarme, pero sentí cómo mis mejillas se calentaban.

—No es para impresionar a nadie —dije, intentando mantener la voz firme—. Solo quería salir y relajarme.

—Claro —dijo, con una ligera sonrisa que apenas apareció en su rostro—. Relajarse… en un lugar como este. Curioso.

Caminó hasta la barra y pidió una bebida, sin apartar los ojos de mí. Cada movimiento suyo era calculado, controlado, y aún así provocaba que me sintiera consciente de cada centímetro de mi cuerpo. No era grosero ni inapropiado, pero había algo en cómo me miraba que hacía que la tensión entre nosotros se sintiera eléctrica.

—Bueno —dije, tomando un sorbo de mi bebida—. Supongo que podemos ignorar que nos encontramos aquí y actuar como si fuera solo un sábado cualquiera.

—Si quieres —respondió, y su tono sonaba sorprendentemente divertido, aunque su mirada seguía fija en mí, evaluándome—. Pero dudo que puedas ignorarlo completamente.

Me reí nerviosa y me senté en una mesa cercana, intentando centrarme en la música y las luces, pero cada vez que él se movía, sentía que mi atención volvía a él. Se sentó en un taburete frente a la barra, lo suficiente lejos para no invadirme, pero cada gesto suyo estaba cargado de control y provocación.

—¿Así que vienes sola? —preguntó de repente, sin apartar los ojos de mí.

—Sí —contesté, tomando aire—. A veces está bien estar sola.

—Hm —gruñó, arqueando una ceja—. No sé si eso es prudente. Podría haber problemas si alguien intenta molestarte.

—Puedo cuidarme sola —repuse, aunque no pude evitar sonreír ante su comentario—. No necesito que me vigilen.

—Ya lo veremos —dijo, con un tono que era rudo y serio, pero cargado de intención. Era imposible ignorar que le provocaba verme así, consciente de mi ropa y de la atención que atraía—. No quiero problemas, pero no puedo negar que estás… muy diferente.

—Muy diferente —repetí, con un hilo de ironía en mi voz—. Eso significa ¿qué exactamente?

—Significa que me sorprende —respondió, encogiéndose ligeramente de hombros—. Me gusta que seas consciente de ti misma. Pero no confundas mis palabras con… otra cosa.

—Claro —dije, sonriendo con dificultad—. No confundiré nada.

Se inclinó ligeramente hacia la barra, apoyando los brazos, y se quedó mirándome durante un momento que se sintió demasiado largo. Sentí que cada fibra de mi cuerpo reaccionaba a esa mirada, pero sabía que él no cruzaría la línea profesional, al menos no aquí, no ahora.

—Podría quedarme toda la noche aquí, observándote —dijo con tono medido, apenas audible, mientras miraba hacia mí de manera intensa, aunque sus palabras eran lo suficientemente ambiguas para no malinterpretarse—. Pero eso no es prudente.

—Menos mal —susurré, con una mezcla de nervios y desafío—. No quiero que la gente piense cosas raras.

—Eso también es parte de tu encanto —dijo, con un toque de humor, pero aún rudo—. Te manejas en cualquier situación y sabes cómo mantener las apariencias. Eso es útil.

—Supongo que… —dije, intentando no sentirme expuesta—. Es una habilidad necesaria.

—Sí —respondió, con la voz baja y firme—. Muy necesaria.

El resto de la noche pasó con pequeñas conversaciones y miradas intensas. Cada vez que me levantaba para acercarme a la barra o servirme algo, él parecía consciente de cada movimiento, provocando sin tocarme ni decir nada inapropiado. Era un juego silencioso, controlado, y yo me encontraba atrapada en él sin poder evitarlo.

—Bueno —dije finalmente, mientras me preparaba para irme—. Ha sido un sábado interesante.

—Interesante —repitió, con un tono que hacía que las palabras fueran más cargadas de lo que parecían—. Me alegra que estés disfrutando tu tiempo libre… aunque no esperaba verte aquí.

—Ni yo esperaba verte a ti —contesté, con una sonrisa que no podía ocultar—.

Se inclinó ligeramente hacia mí mientras hablaba, su proximidad sin invadirme, pero lo suficiente para que sintiera la tensión crecer.

—Cuídate —dijo finalmente, con la misma seriedad ruda que lo definía—. Y que esto siga siendo un sábado agradable.

—Lo haré —respondí, con el corazón latiendo rápido.

Mientras me alejaba del pub, su presencia seguía conmigo, su mirada grabada en mi mente. Sabía que lo que había pasado esa noche no era solo casualidad: él había reaccionado, se había provocado y mantenido el control, y yo no podía dejar de sentirlo.

Y mientras caminaba hacia la calle iluminada por las farolas, supe que este juego estaba lejos de terminar, y que cada encuentro fuera de la oficina sería aún más peligroso… y tentador.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP