La noche había caído sobre la ciudad, y la luz cálida del casoplón se filtraba a través de los enormes ventanales, creando sombras que danzaban suavemente sobre las paredes. El silencio era distinto ahora: pesado, cargado de algo que no podía ignorar. Después de toda la tarde juntos, cada momento, cada gesto, cada palabra, había dejado un rastro de tensión que parecía acumularse en el aire, esperando a estallar.
Yo estaba sentada en el sofá, la manta cubriéndome las piernas, intentando respirar