Dos horas después de aquel beso que todavía me recorría la piel, mi móvil vibró con fuerza. La pantalla brilló con un mensaje de alerta: “ALERTA ROJA. Riesgo extremo de tormenta, lluvias intensas y granizo. Evite salir de casa.”
Mi corazón dio un vuelco. Justo cuando me levantaba para organizar mis cosas y marcharme, Adrián apareció detrás de mí, rudo y serio, con esa presencia que hacía imposible ignorarlo.
—Mm… —dijo, grave—. No vas a salir así, bajo la tormenta. Es peligroso.
—Pero… —intenté