La noche había caído silenciosa sobre la ciudad, y la luz de mi salón era cálida y suave, perfecta para quedarse en casa sin hacer nada más que disfrutar del momento. Me acomodé en el sofá, con una manta ligera sobre las piernas, y escuché cómo él se movía por la cocina preparando algo de bebida antes de sentarse a mi lado.
—¿Chocolate caliente o café? —preguntó, con esa voz tranquila que me hacía sentir que todo estaba bien.
—Chocolate —respondí—. Hoy necesito algo dulce.
Sonrió y se sentó a m