Juego peligroso

El sábado por la tarde se sentía diferente. La ciudad estaba llena de vida, y yo decidí salir a despejarme después de una semana intensa de trabajo. Esta vez, sin embargo, no fue casualidad que el destino me llevara al mismo pub donde Adrián me había sorprendido la última vez. Sabía que podía encontrármelo, y la idea de verlo me hacía latir el corazón más rápido.

Entré con cuidado, observando entre la multitud y, como esperaba, allí estaba: apoyado en la barra, con su postura ruda que parecía absorber toda la atención de la sala. Vestía informal, pero de una manera que imponía respeto. Su mirada oscura se cruzó con la mía apenas entré, y un escalofrío recorrió mi espalda.

—Vaya… —susurré para mí misma, ajustando el vestido que sabía me hacía ver irresistible—. Esto se va a poner interesante.

Caminé hacia la barra con pasos seguros, aunque cada paso me hacía consciente de su atención. No pude evitar notar cómo la forma en que me observaba me hacía sentir expuesta y provocada al mismo tiempo. Su ruda presencia era peligrosa, y yo no podía apartar la mirada.

—Señorita Ruiz —dijo, cuando estuve lo suficientemente cerca para escuchar su voz grave—. Parece que el destino insiste en encontrarnos.

—Parece que sí —contesté, intentando sonar tranquila, aunque mis mejillas ardían y mi respiración se aceleraba—. No esperaba encontrarte hoy.

—Yo tampoco —gruñó, arqueando una ceja y observándome con esa intensidad que siempre me dejaba sin palabras—. Pero supongo que ciertas coincidencias son inevitables.

Mientras hablábamos, un hombre se acercó demasiado a mí, con una sonrisa que no me gustó nada. Intenté sonreír educadamente y mantener la distancia, pero él parecía ignorar mis señales.

—Hola… ¿te importa si me siento aquí? —dijo, demasiado confiado, inclinándose hacia mí.

—Lo siento, estoy acompañada —respondí, con firmeza, aunque sabía que la frase no era completamente cierta.

Antes de que el hombre pudiera insistir, Adrián se colocó a mi lado, con esa postura ruda que imponía respeto instantáneamente. Su mirada se fijó en el intruso, y la tensión en el aire se volvió palpable.

—¿Problemas? —preguntó, grave y serio, pero con esa provocación que hacía que me estremeciera.

El hombre retrocedió un paso, claramente intimidado. Adrián se inclinó apenas hacia mí, lo suficiente para que sintiera su aliento en mi cabello y un escalofrío recorriera mi cuerpo.

—No te preocupes —murmuró, rudo y firme—. Nadie te va a molestar mientras yo esté cerca.

Mi corazón latía con fuerza y sentí cómo la cercanía de su cuerpo me provocaba, incluso cuando no hacía nada más que estar allí, firme y seguro. Intenté mantener la compostura, pero cada palabra suya, cada mirada, me dejaba sin aire.

—Gracias —susurré, incapaz de apartar la vista de sus ojos—. No sé qué haría sin ti.

—Hm —gruñó, con una sonrisa apenas perceptible—. Mejor no lo descubras.

El hombre finalmente se alejó, y Adrián se inclinó un poco hacia mí, con esa postura que mezclaba rudo y provocador. Sus labios se acercaron a mi oído, y su voz, grave y baja, me hizo estremecer:

—No te preocupes… yo siempre estoy cerca.

—Lo sé —susurré, sintiendo cómo mi cuerpo reaccionaba a su cercanía—. Pero eso… no hace que sea menos difícil mantenerme tranquila.

—Difícil, sí —dijo, con un deje de diversión en la voz—. Pero supongo que lo complicado es lo que hace que valga la pena.

Mientras hablábamos, se inclinó ligeramente hacia mí para ajustar algo de mi vestido, un gesto que fue profesional y protector, pero que a la vez me hizo sentir vulnerable y expuesta. Sentí su mano rozar mi espalda brevemente, y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Intenté apartar la mente de cualquier pensamiento inapropiado, pero era imposible.

—Debes aprender a manejar lo que sientes —dijo, rudo, mientras enderezaba mi vestido—. Incluso cuando estás cerca de alguien que podría distraerte.

—Lo intento —susurré, incapaz de mirar otra parte que no fueran sus ojos oscuros—. De verdad intento controlarme.

—Hm —gruñó, arqueando una ceja y sonriéndome apenas—. A veces lo que sientes no se puede controlar.

La tensión entre nosotros creció mientras nos desplazábamos hacia la pista de baile. Él mantenía su postura ruda y provocadora, y yo me sentía atrapada en un juego silencioso donde cada roce, cada mirada, cada palabra contaba. Era imposible ignorar la atracción que había entre nosotros.

—Esto se está volviendo peligroso —susurré, consciente de que la cercanía y su presencia me hacían perder el control.

—Peligroso, sí —repitió, rudo, con una sonrisa apenas perceptible—. Pero a veces, el peligro es excitante.

Mientras la música llenaba el pub, sentí cómo su brazo rozaba el mío, como si fuera accidental, aunque sabía que cada gesto suyo estaba medido. Cada contacto me dejaba sin aire, y cada palabra suya aumentaba la tensión que ya no podía ignorar.

—Adrián… —susurré, tratando de mantener la calma—. Esto… es demasiado.

—No digas eso —murmuró, rudo y firme—. Solo actúa como si nada pasara. Aunque sabes que no podemos ignorarlo.

Me sonrió apenas y se apartó un poco, manteniendo la ruda distancia profesional, pero dejando clara la tensión entre nosotros. Mi corazón latía con fuerza y sabía que ninguno de los dos podía negar lo que estaba sucediendo.

Mientras observaba cómo se integraba entre la multitud, sentí que todo había cambiado otra vez. Cada roce, cada mirada, cada gesto provocador había dejado una marca en mí que no desaparecería. Sabía que el juego entre nosotros se estaba volviendo más peligroso, y que cada encuentro futuro sería aún más intenso y difícil de ignorar.

Y mientras la noche avanzaba, no pude evitar pensar: él estaba jugando con fuego, y yo estaba cayendo en la llama sin poder escapar. Cada momento juntos, incluso casual, aumentaba la atracción, y yo sabía que el próximo encuentro sería aún más imposible de resistir.

Continue lendo este livro gratuitamente
Digitalize o código para baixar o App
Explore e leia boas novelas gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de boas novelas no aplicativo BueNovela. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no aplicativo
Digitalize o código para ler no App