Mundo ficciónIniciar sesiónLa música cambió de ritmo y el DJ puso algo más lento, un tema de bachata que llenó el pub de sensualidad. No sabía cómo había pasado, pero de repente Adrián estaba a mi lado, con su mano firme en mi cintura, y yo no podía negar la electricidad que recorría mi cuerpo.
—¿Quieres bailar? —preguntó, su voz grave y ruda tan cerca de mi oído que me hizo estremecer—. Prometo no hacerte tropezar. —Claro… —susurré, sintiendo que mis piernas temblaban ligeramente—. Aunque no soy muy buena. —Eso no importa —dijo, arqueando una ceja mientras ajustaba su agarre sobre mi cintura—. Solo sigue mi ritmo. Me dejé llevar, aunque mi corazón latía a mil. Estábamos pegados, su cuerpo alineado al mío de manera que cada movimiento se sentía intenso, cada giro me hacía sentir su cercanía y cada paso su respiración cálida cerca de mi oído. Era imposible concentrarme en otra cosa que no fuera él. —Cuidado —susurró, rudo, mientras guiaba mis pasos—. No quiero que pierdas el equilibrio. —Estoy bien —contesté, tratando de sonar tranquila, aunque mi respiración se aceleraba—. Solo sigue moviéndome. Se inclinó apenas hacia mí, lo suficiente para que su aliento acariciara mi oído, y cada palabra que susurraba era una mezcla de provocación y control. No decía nada explícito, pero la manera en que hablaba hacía que mi cuerpo reaccionara sin poder evitarlo. —Me sorprende cómo puedes mantener la calma —dijo, suave, provocador—. No muchas podrían resistirse a la proximidad y al ritmo de este baile. —No… no es tan fácil —susurré, sintiendo cómo mi pecho se aceleraba—. Contigo cerca, todo es más… intenso. Él sonrió apenas, arqueando una ceja, y giró suavemente mi cuerpo en un paso que nos acercó aún más. Cada roce de su pecho con el mío, cada contacto de nuestras caderas al girar, aumentaba la tensión que ya estaba al límite. —Mm… —susurró, rudo y grave, apenas rozando mis labios con su aliento—. No me digas que no sientes lo mismo. —No… no sé —contesté, consciente de que estaba mintiendo incluso a mí misma—. Esto es… confuso. —Confuso, sí —murmuró, con una sonrisa apenas perceptible—. Pero no imposible. Solo tienes que dejarte llevar un poco más. Intenté concentrarme en los pasos, pero era imposible ignorar lo que sentía. Cada giro, cada contacto, cada susurro suyo en mi oído me hacía perder la noción de todo lo demás. Su ruda presencia y el control con el que me movía me provocaban, y al mismo tiempo me hacían sentir segura, atrapada en un juego peligroso que yo no podía ganar. —No puedo creer que alguien pueda ser tan… —empecé, tratando de describir la sensación—. Tan provocador… y aún así mantener todo bajo control. —Eso es un talento —dijo, susurrando, rudo y grave—. Algo que pocas personas saben manejar. Y tú… eres buena para resistirlo… hasta ahora. Mi respiración se volvió más rápida y sentí cómo mi cuerpo reaccionaba de manera que no podía controlar. Cada palabra suya, cada roce, cada giro de la bachata me acercaba más a un límite que sabía que no debía cruzar, pero que era imposible de ignorar. —Adrián… —susurré, mientras nuestras frentes casi se tocaban en un giro—. Esto… es demasiado. —Mm… —respondió, rudo, sin apartarse—. Solo sigue moviéndote. Siente la música, siente el ritmo… y a mí. Sentí su mano deslizarse un poco más en mi espalda, sujetándome firme mientras guiaba cada paso. La proximidad de su cuerpo, el calor de su respiración, y cada palabra que susurraba al oído creaban una tensión que me dejaba sin aire. Era un juego de provocación constante, medido y controlado, pero totalmente imposible de ignorar. —¿Sabes lo que me gusta de este baile? —murmuró, grave y provocador—. Que estamos tan cerca que no puedes escapar… aunque quieras. —No… no quiero escapar —admití, sin poder mentir—. Pero es peligroso… lo sabes. —Mm… —dijo, rudo, susurrando mientras girábamos de nuevo—. El peligro es lo que hace que valga la pena. Cada paso que daba me hacía sentir más vulnerable y a la vez más consciente de lo que estaba ocurriendo entre nosotros. Sus ojos oscuros se clavaban en los míos, y sus susurros continuaban provocándome, haciendo que cada fibra de mi cuerpo reaccionara a su proximidad. —Esto es… demasiado —susurré de nuevo, mientras girábamos—. No puedo concentrarme en nada más. —Mm… —contestó, rudo, acercando aún más su cuerpo al mío—. Eso es parte del juego. No puedes resistirte a lo que sientes… aunque quieras. Intenté apartar la mente, centrarme en los pasos, pero era imposible. Cada roce, cada susurro, cada giro, aumentaba la tensión y me hacía consciente de que estaba atrapada en un juego que no tenía salida. Su ruda provocación, la cercanía y la manera en que hablaba me dejaban sin aire, pero al mismo tiempo queriendo más. Cuando la canción terminó, apenas nos separamos, pero el calor de su cercanía todavía persistía. Sus ojos oscuros me miraban, intensos y cargados de provocación, y yo sabía que ninguno de los dos podría ignorar lo que había sucedido en ese baile. —Mm… —susurró, rudo, con una sonrisa apenas perceptible—. Tienes que aprender a manejar lo que sientes… y pronto. —Lo intentaré —susurré, consciente de que estaba mintiendo incluso a mí misma—. Pero esto… esto es imposible de ignorar. Él sonrió apenas, arqueando una ceja, y se apartó un poco, dejando clara la tensión entre nosotros. Cada roce, cada giro, cada susurro había dejado una marca que no desaparecería. Y mientras la música continuaba en el pub, supe que el próximo encuentro sería aún más intenso y peligroso. Sabía que cada momento con él sería un juego de provocación y deseo, y que mi corazón estaba atrapado en algo que no podía controlar. Cada baile, cada contacto, cada palabra susurrada en mi oído me acercaba más a un límite que no quería cruzar, y sin embargo, estaba completamente atrapada en su juego.






