La música cambió de ritmo y el DJ puso algo más lento, un tema de bachata que llenó el pub de sensualidad. No sabía cómo había pasado, pero de repente Adrián estaba a mi lado, con su mano firme en mi cintura, y yo no podía negar la electricidad que recorría mi cuerpo.
—¿Quieres bailar? —preguntó, su voz grave y ruda tan cerca de mi oído que me hizo estremecer—. Prometo no hacerte tropezar.
—Claro… —susurré, sintiendo que mis piernas temblaban ligeramente—. Aunque no soy muy buena.
—Eso no impor