El sábado llegó y, después de una semana agotadora, decidí darme un gusto. Elegí mi vestido más sexy: negro, ajustado, con un escote que destacaba justo lo suficiente sin ser vulgar. Me miré al espejo y sonreí. Esa noche no había trabajo, ni reglas, solo yo y la ciudad que me esperaba.
El pub estaba lleno, la música vibraba y las luces cálidas creaban un ambiente que invitaba a relajarse. Me abrí paso entre la gente, buscando un lugar donde pudiera disfrutar de la noche sin preocuparme por nada