Me desperté con los primeros rayos de sol entrando por la ventana, suaves y cálidos, y lo primero que sentí fue el calor de su cuerpo abrazándome por detrás. La manta nos cubría parcialmente, y él todavía dormía con la respiración tranquila sobre mi cuello. No podía evitar sonreír; la noche anterior seguía latiendo en mi pecho como un recuerdo vivo.
Me giré un poco hacia él, apoyando la mejilla en su pecho y dejándome envolver por la calidez de su abrazo. Sus manos descansaban sobre mi cintura,