Capítulo 92. Sábado, sin descanso
Me desperté tarde. O más bien, el cuerpo despertó tarde; la cabeza llevaba horas despierta dando vueltas en la misma idea.
En ella.
Me senté con cuidado, sintiendo ese dolor sordo que llevaba días recordándome que no estaba al cien por ciento. Pero más insoportable que la molestia física era la necesidad de saber de ella.
Tomé el teléfono y le escribí
Yo: ¿Qué haces?
Pasaron minutos. Diez. Veinte. Cuarenta.
La hora completa.
Dos.
Cuando por fin llegó su respuesta era tan… ella.
Ginevra Valentin