Capítulo 90. Ginevra
Al final, la decisión no se sintió como una decisión.
No hubo claridad, no hubo epifanía, no hubo ese momento en el que uno dice “ah, sí, esto es lo correcto”.
Solo hubo un impulso.
Una necesidad primitiva, torpe, desesperada de no permitir que la última imagen de ella fuera esa: alejándose, rompiéndose sin mostrarlo, tragándose las lágrimas como si fueran culpa suya.
Agarré las llaves.
Cerré la puerta. Y antes de darme cuenta, estaba en la calle.
El aire nocturno me golpeó la cara, helado, afi