Capítulo 71. La vulnerabilidad de Ginevra
No pasó mucho tiempo antes de que algo cambiara.
Primero fue un movimiento mínimo, casi imperceptible, un roce leve de su ceja contra mi brazo. Después un suspiro.
Y luego…un quejido.
Suave, apagado, pero definitivamente un quejido.
Parpadeé.
¿Estaba soñando?
Probablemente. Nadie hace ruido así despierto, menos Ginevra, que dormida parecía una estatua cara de un museo.
Esperé y otro quejido, más claro esta vez.
—Mmh… no… —murmuró, con la voz que solo se tiene cuando estás tan rendida que ni el