—A comer —aclaré, aunque mi voz no sonó tan firme como esperaba.
Hubo una pausa. Una de esas que se sienten más que se escuchan.
Y por primera vez desde que la conocía, vi algo parecido a una duda cruzar su mirada.
Ella bajó la vista un instante, respiró hondo, y luego dijo con voz baja, casi un susurro:
—Deberías irte antes de que diga que sí.
No supe si lo dijo en serio o si era otra de sus pruebas.
Solo sé que esa respuesta me dejó clavado en el lugar, con el pulso acelerado y una sonrisa que