Capítulo 123. Lo siento, Elena
Esa noche, cuando volvimos a casa, Elena estaba distinta.
No fue algo evidente, no algo que pudiera señalar con el dedo. No estaba enfadada, no estaba fría, no estaba distante en el sentido clásico. Estaba… retirada. Como si hubiera dado un paso atrás por dentro.
Yo me cambié de ropa y ella se quedó en el salón.
Estaba sentada en el sofá, con una manta sobre las piernas aunque no hacía frío, mirando una serie sin realmente mirarla. La pantalla cambiaba de escena, pero sus ojos no se movían con ella.
—Hola —dije.
—Hola —respondió.
Su voz estaba bien. Demasiado bien.
Me senté a su lado. Esperé a que se girara. No lo hizo.
—¿Todo bien? —pregunté.
Asintió de inmediato.
—Sí. Solo estoy cansada.
La palabra cayó como una tapa cerrándose.
No “agotada”. No “mal”. No “necesito hablar”. Solo cansada. El cansancio como explicación suficiente de todo.
—¿Quieres que pidamos algo? —ofrecí—. No tengo muchas ganas de cocinar.
—Como quieras —dijo.
No era rechazo, era ausencia de elección.
Cenamos en si