Capítulo 117. Lo que no vuelve
El resto del día transcurrió sin sobresaltos.
Trabajé, contesté correos, escuché reuniones que no me pedían demasiado más que presencia. Todo funcionaba en una capa superficial que me resultaba cómoda. Como si, después de lo de la mañana, el sistema interno se hubiera reordenado y ahora pudiera operar en automático sin perder estabilidad.
Pero algo había cambiado.
No era tristeza. Tampoco alivio. Era una especie de claridad silenciosa, de esas que no hacen ruido cuando llegan pero que después n