Capítulo 103. Despedido
No toqué el papel, ni el bolígrafo. Ni el borde de la mesa.
Solo la miré mientras dos personas de Recursos Humanos ocupaban sus asientos a un costado, rígidas, profesionales, ajenas a la implosión que se avecinaba.
Ginevra estaba sentada en la cabecera, impecable, erguida, con la carpeta cerrada frente a ella.
No había un rastro, ni uno, de la mujer que había llorado en mi departamento unas horas antes.
La jefa había tomado control.
Pero no por trabajo. Por supervivencia.
—La decisión ya está t