Capítulo 102. Perdiendo a mi amor.
La ciudad seguía ahí abajo, indiferente, mientras yo apoyaba la frente contra el vidrio frío.
Todo tenía sentido, demasiado sentido, y al mismo tiempo nada lo tenía.
Porque yo sabía. Yo sabía.
No podía mentirme a mí mismo: no fue una sorpresa su reacción. No fue un arranque inesperado. No fue algo que “no pude prever”.
Ginevra no era un misterio para mí.
No después de todo lo que me había dejado ver.
Ella me dejó entrar.
Me dejó verla sin maquillaje emocional, sin máscaras, sin defensas.
Me dej