Un golpeteo suave interrumpe el silencio denso del despacho.
—Papá… ¿Estás ahí? —la vocecita de Ava atraviesa la puerta, dulce y curiosa.
Dentro, el aire está cargado de calor, deseo y ese temblor silencioso que sigue a lo inevitable. Clara jadea aún, recostada sobre el pecho de Ethan, quien la sostiene con los ojos cerrados y la respiración descontrolada.
El llamado de su hija los hace volver bruscamente a la realidad.
—¡Mierda! —susurra él, apartándose de Clara con cuidado y buscándose la ro