CLARA
—Me encanta cómo te ruborizas —murmuró, besándome las colinas de los pechos mientras me desabrochaba los botones superiores de la blusa—. Me vuelve loco. Es una de las cosas que nunca pude olvidar sobre ti.
Nunca había pensado en cómo me veía cuando me sonrojaba.
—¿Sí? Cuéntame que es lo que te gusta de ello.
—Es un color precioso —empezó, con su aliento caliente sobre la piel entre mis pechos, mientras me recostaba sobre la mesa, con la rodilla apoyada en el borde y las manos a cada l