La brisa suave del atardecer roza las cortinas blancas de la terraza mientras el sol comienza a caer sobre el horizonte, tiñendo el cielo de tonos dorados y coral.
Ethan se asoma por la ventana del estudio, con el corazón latiéndole con fuerza y las manos ligeramente sudadas.
No es miedo. Es esa mezcla palpitante de anticipación y amor profundo que lo tiene al borde de las emociones.
Ava entra en la habitación sigilosamente, llevando una caja pequeña en sus manos. Dentro, descansa el anillo: