El sol se cuela por entre las cortinas gruesas de la casa, lanzando haces de luz que no logran disipar la opresión que flota en el ambiente.
Clara se encuentra sentada al borde del sofá, el teléfono en la mano, la mente sumida en una confusión asfixiante.
Las imágenes siguen girando en su cabeza: ella, o alguien que luce como ella, junto a Samuel en una escena de falsa intimidad, bajo las luces doradas del evento.
Su corazón late errático. El mundo que había comenzado a reconstruir se tambale